Todos los días estamos negociando algo, incluso cada vez que exponemos un punto de vista con el objetivo de obtener un beneficio, ya sea en la actividad profesional o en la vida personal. Negociar no es solo un acto de empresarios, es un acto cotidiano. En toda relación existen escenarios en los que hay una dependencia mutua con otra persona, para lograr lo que queremos o necesitamos, y esto puede generar un conflicto de intereses por haber discordancia en los resultados que desea cada persona y, por ende, podemos encontrarnos con una paradoja por la necesidad de cooperar con el otro para llegar a un acuerdo y la intención de que este acuerdo nos favorezca.
Negociar, por lo tanto, es una habilidad que implica una estrategia y un plan de acción. Desarrollar esta habilidad es un factor fundamental de la vida de las personas, sin embargo, es esencial desarrollarla de la mejor manera. Se necesita un tipo de comunicación específico y bien elaborado para llegar a un acuerdo. Además, negociar se ha vuelto una parte esencial en toda organización y, junto con la resolución de conflictos, son habilidades profesionales fundamentales en la actualidad.
¿Qué es negociar?
La negociación se podría definir como el medio para alcanzar el fin que deseamos, y para ello, debe haber dos o más partes dispuestas a hacerlo, con intereses comunes y opuestos sobre un mismo asunto, que quieren llegar a un acuerdo por medio de la comunicación. En este proceso las partes pueden plantear los términos, intercambiar propuestas y brindar concesiones; pero, uno de los factores más importantes es escoger el momento y el lugar oportuno. Además, podemos decir que una negociación es eficaz si ambas partes ceden algunos elementos para centrarse en los intereses particulares.
Es fundamental asegurarnos de que la persona con la que vamos a negociar tiene la autoridad suficiente para tomar decisiones que requerimos, porque de lo contrario estaríamos perdiendo tiempo, y muy probablemente estaríamos mostrando toda nuestra estrategia a la persona incorrecta y probablemente eso nos obligue a replantear nuestra propuesta de negociación.
Al negociar se obtiene información contundente para llegar a un acuerdo. Por eso, la habilidad de negociar implica inteligencia conversacional para tratar de conocer nuestro contrincante, realizar muchas preguntas y saber escuchar atentamente cada respuesta. La información representa nuestro principal recurso de poder en una negociación y, analizar la información que nos brindan para utilizarla en nuestra estrategia constituye el verdadero arte de negociar.
También es importante que tengamos claro que hay una etapa previa al acto de negociar y es la preparación de una estrategia de negociación. En esta estrategia, tenemos que tener definidos el riesgo, el costo y el beneficio que podemos obtener de un posible acuerdo, pero también determinar nuestro precio de reserva, nuestro precio más probable y el más ambicioso que tengamos como objetivo. Nuestra mejor alternativa, con la de la contraparte, son las que van a definir el precio potencial del acuerdo. Por eso es importante hacer conocer nuestra alternativa, si es fuerte, y a la vez debilitar la de la otra parte.
Tipos de negociación
Existen varios tipos de negociación, pero vamos a centrarnos en 2 tipos principales:
- La negociación distributiva o tradicional, que está basada en posiciones que adquieren las partes, y a la vez se torna en una relación algo competitiva y adversaria. Este tipo de negociación es muy básica y poco sofisticada, porque puede dañar nuestra reputación. No se trata de engañar a la otra parte, sino de lograr satisfacer ambos intereses. Tratar de desestabilizar la otra persona sólo va a hacernos conseguir dañar la relación y la confianza que debe haber y destruiremos cualquier relación futura. Aun así, hay gente que se empeña en considerar la negociación como un juego competitivo en el que el principal objetivo es ganar más que el otro, independientemente de los intereses.
- La negociación colaborativa o moderna: que genera mayor valor y está basada en los intereses de las partes. Se relaciona con la frase ganar-ganar, que busca integrar los intereses de manera cooperativa, para consolidar una relación de negocios futura. Considerar persona con que negociamos como nuestro aliado para alcanzar nuestras metas es negociar inteligentemente, porque además evitaríamos un desgaste innecesario de tiempo y otros recursos.
Lo más recomendable es combinar ambos tipos en el sentido de que se debe intentar buscar, primero, los intereses reales de la negociación para cada parte e integrarlos asumiendo una posición en la que se pueda encontrar un punto de equilibrio. Si en algún momento nos hallamos en un punto muerto que no deja avanzar la negociación, podemos recurrir a utilizar un mediador o tercero, para que asista la negociación y busque los intereses que haya en común, o bien, buscar un árbitro que se enfoque en los derechos y deberes de las partes.
Independientemente del tipo de negociación, debemos mantener nuestros valores éticos y morales para no crearnos mala fama o tensionar la relación comercial con la otra parte, sino que, de lo contrario, es más provechoso continuarla a largo plazo. Los gastos en una demanda son sumamente altos y se pueden evitar con el dialogo y la seriedad con que nos tomemos las cosas. Por eso, no se debe perder la confianza ni la comunicación entre las partes.
Si un trato está más de un lado que del otro no funcionará a la larga. Siempre será más inteligente negociar buscando el interés común y construir relaciones a largo plazo que convertir el proceso en una mera competencia. Si somos capaces de trabajar con el otro negociador para satisfacer los intereses de ambas partes, será más probable que encontremos soluciones fácilmente en caso de que se presente una discrepancia.
Estrategias de negociación
Sabemos que una buena estrategia implica inteligencia conversacional y se centra en el uso que hacemos de la información que logramos obtener durante el proceso, por lo que debemos tener en cuenta los siguientes puntos importantes a la hora de negociar:
- Hacer la tarea. Es importante conocer perfectamente a la persona con quien vamos a tratar de llegar a un acuerdo, saber las fortalezas y debilidades para facilitar el proceso porque si no lo hacemos podemos perder ventaja o poder, y más si la contraparte si hizo su tarea. Hay que buscar la información necesaria, investigar en Internet sobre tradiciones y cultura si la otra persona con quien vamos a negociar es de un lugar diferente o cualquier otro dato relevante.
- Crear un plan de negociación. Debemos definir nuestros objetivos y lo que pretendemos lograr, pero, además, debemos tener muy claro lo qué estamos dispuestos a ofrecerle a la otra parte y cuál va a ser nuestro límite para que ambos salgamos ganando. Nuestra estrategia debe contener tácticas de negociación para saber en qué momento ofrecer y en qué momento esperar, pero también para tener claro qué podemos hacer en caso de que la negociación vaya mal, como un plan B.
- Tener buen sentido del humor. La negociación es muy estresante para ambas partes y un buen sentido del humor puede ayudar mucho. No hay que perder la paciencia ni tomarse la negociación personal. La realidad es que una negociación involucra tener que seguir trabajando con la otra persona. Necesitamos tener una buena actitud y si nos dejamos llevar por la ira, el resentimiento u otras emociones fuertes o negativas, podemos perder de vista el panorama general.
- Dejar los sentimientos de lado. No podemos perder la cabeza. Desconectarse emocionalmente de la negociación nos ayuda a entender la discusión de manera más clara, expresarnos de manera coherente y objetiva. El mayor obstáculo la hora de negociar son los malos entendidos. Así vamos a poder suavizar la agresividad y analizar la situación desde afuera. Tampoco hay que confundir nuestra percepción con la realidad, cada uno de nosotros ve la situación de manera diferente. Tampoco tratemos de interpretar los sentimientos o intenciones de la otra persona.
- Saber cuándo hablar y cuándo callar. Hay que aprender a escuchar de manera activa para poder captar los sentimientos, percepciones y emociones de la contraparte. Debemos enfocarnos en nosotros y como el problema nos está afectando en vez de interrumpir y acusar.
- Buscar el bien común. Enfocarnos en los intereses comunes y no en las posiciones personales. Los intereses comunes deben verse como oportunidades que hacen que la negociación sea más coherente y amigable. Una negociación inteligente es eficiente, produce resultados y mejora (o por lo menos no deteriora) las relaciones entre las partes.
- No negociar todos los problemas al mismo tiempo. Es muy abrumador y desgastante. Por eso es recomendable construir una buena relación primero, antes de hablar los temas importantes. Identificar aquello en lo que no podemos estar de acuerdo para comenzar mencionando algunos puntos de contención, tomando en cuenta que para pedir lo que nos interesa, será necesario hacer concesiones y compromisos. Por eso, hay que tener en mente las cosas a las que podemos renunciar, para no perder aquellas que realmente nos importen. La negociación es sobre dar y recibir.
Las herramientas psicológicas son de mucha ayuda en nuestra estrategia de negociación, pero también es importante que durante la preparación de la misma hayamos mirado la negociación desde los zapatos del otro, para que podamos encontrar la forma de lograr un acuerdo de manera más sencilla, en búsqueda de intereses comunes para establecer una relación futura con la otra parte y no crearnos mala reputación.
Otras teorías de negociación que incluyen temas psicológicos aducen al hecho de lograr la mayor parte del acuerdo durante un café, antes de ingerir comida e incluso alcohol (por aspectos éticos) para aprovechar de mejor manera el sistema cognitivo. También existen teorías de mirada fija para generar seriedad e intimidación, tocar el codo de la contraparte o ubicarla de espalda a una salida o ventana para aumentar tensión.

Negociar no es solo un acto de empresarios, es un acto cotidiano.
Tips / trampas de una negociación
Una vez entendamos nuestro poder, podemos hacer uso de tácticas claves para conseguir nuestro objetivo en la negociación. Lo ideal es encontrar un punto de equilibrio entre los intereses reales de cada uno, utilizando una estrategia más cooperativa que competitiva para no perjudicar una relación de negocios futura. Estas tácticas constituyen 9 herramientas psicológicas que podemos aplicar, o bien, trampas que debemos evitar:
- Anclaje a un valor inicial cuando estimamos un valor incierto. Este aspecto es más conocido como estrategia del primer precio y marca el punto de partida de la negociación, en donde, en términos simples, el primer valor es más alto que el deseado para el vendedor, o más bajo para comprador.
- Contraste en secuencia de un determinado producto para hacer que sobresalga entre lo diferente, que presentado aisladamente. En el caso de un vendedor, puede utilizar esta táctica para mostrar un producto en función de los intereses del comprador, para que este se fije en el que se quiere ofrecer, ya sea comparando con la competencia o bien con el propio inventario de la empresa del vendedor.
- Devaluación reactiva si asumimos que nuestros intereses están en conflicto con los de la contraparte, es decir, pensar que lo ofrecido por el otro tiene que ser bueno para ellos mismos, más que para nosotros. Se tiene una percepción negativa y vemos como adversario a quien nos está ofreciendo algo, o viceversa.
- Enmarcación del tema en determinada manera para reformular las opciones de la contraparte. Es decir, sí un cliente está interesado en la compra de un producto, pero le preocupa mucho el precio, el vendedor puede enfocarse en las características más favorables o que puedan llamar más la atención del comprador.
- Escalación para re-revisar un aspecto que la contraparte creyó resuelto para cambiar el foco de la negociación en un punto en que no se podía seguir cediendo, o bien, para modificar una característica o precio ya acordada.
- El exceso de confianza puede afectar el hecho de ver la perspectiva general para analizar otros aspectos que tal vez no estamos viendo; sin embargo, siempre es bueno mostrar algo de confianza y seguridad cuando sabemos que nuestros juicios son correctos. El consejo es analizar antes todo el contexto de la negociación para no enfocarnos en un aspecto especifico y no caer en exceso de confianza.
- Influencia por la información que se encuentra disponible más fácilmente. Generalmente esta información es la que guarda nuestro cerebro, o bien la que logramos recordar mejor. Ejemplo de ello es el impacto que generan las noticias de accidentes aéreos para hacernos pensar que causan más muertes que los accidentes automovilísticos. Es importante siempre asegurarnos de comprobar cierta información relevante, ya sea antes o durante la negociación.
- Mantener una perspectiva general para no perderse en los detalles durante la negociación y tener en cuenta el objetivo general que logramos alcanzar durante el proceso, a la hora de buscar un acuerdo para cada aspecto de la negociación.
- Reciprocidad o necesidad de devolver lo que la otra parte hace por nosotros, o hacer algo por el otro para pedir algo a nuestro favor.
¿Qué debemos evitar en una negociación?
Para poder mejorar nuestra habilidad como negociadores es necesario evitar algunas reacciones y obstáculos que pueden afectar el lograr un acuerdo de manera inteligente:
- Mal enfoque. Fijarse en la escasez de recursos en lugar de mantener una mentalidad de abundancia. No se trata de pensar únicamente en lo que necesito, sino también en cómo lo que poseo puede ayudar a la contraparte a alcanzar sus objetivos y viceversa.
- Proteger información en lugar de compartirla. El ocultar información es una de las manifestaciones más comunes sobre nuestra inmadurez a la hora de negociar. Es más fácil y rápido alcanzar acuerdos de beneficio mutuo si ambas partes exponen sus perspectivas, necesidades y recursos disponibles para cooperar. Engañar con hechos y datos falsos. Fingir ignorancia para sonsacar o no dar información.
- Imponer autoridad o dominio en lugar de provocar confianza. Otro de los errores más comunes y desgastantes a la hora de negociar aparece cuando buscamos mantener superioridad frente a la contraparte, en lugar de entender este proceso como una oportunidad de cubrir nuestras debilidades con las fortaleces de otros y viceversa, al mismo tiempo que se construyen lazos de confianza y cooperación para el futuro.
- Favorecer las situaciones incómodas como:
- Situaciones estresantes (salas incómodas, frío, calor, esperas, interrupciones)
- Ataques personales
- Amenazas
- Inestabilidad emocional (lloros, gritos…)
- Ultimátum
O ejercer Presiones para ganar fuerza posicional:
- Negativa a negociar (buscan una cesión inicial)
- Exigencias extremas y/o crecientes
- Retrasos
- Autoridad superior a la que someter la propuesta
- Peticiones de última hora
- Ocultar intenciones dudosas. Esconder mis fines verdaderos en lugar de promover la buena comunicación. ¿Si no compartimos nuestras metas reales, cómo esperamos que los resultados del acuerdo nos sean realmente favorables? No se trata de proporcionar información “confidencial”, sino de fomentar la apertura y confianza orientada hacia los beneficios comunes.
Si bien es cierto, es muy importante que aprendamos a negociar porque es aplicable en todos los aspectos de nuestra vida para conseguir lo que queremos, también es cierto que si negociamos desde un punto de vista ganar-perder, nadie va a querer negociar con nosotros y podríamos arruinar nuestra marca personal como empresarios. No por nada toma relevancia la frase del famoso filosofo chino, Lao Tsé: «con buenas palabras se puede negociar, pero para engrandecerse se requieren buenas obras«.
























